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Revista Salvador

Todos los hombres, todos

Por Lola

A mí no me digas que son todos iguales. Si vos los elegís todos iguales, el problema es tuyo. Disculpen, me hablaba a mí.

De todos modos sostengo que, por el contrario, existen tantos tipos de hombres que si tuviera que hacer una analogía los colocarían en el mismo escalón de las mil y una clasificaciones en la materia “Obligaciones” de la carrera de Derecho. Es un colador, cuesta sangre, sudor y lágrimas pero cuando la podés aplicar, el resto viene solo. Es así que amparada en la impunidad que me da generalizar, arriesgo alguna que otra.

Fan: El fanático tiende a ser fan de cualquier huevada pero en general se lo asocia al fútbol. Con él no hay domingos, pero siempre nos quedará una Champions League, una Libertadores, una Copa de Verano o una Súper Liga. En época de Mundial la mujer/novia/amante de este puede ir pensando en estudiar para técnica aduanera que es una carrera corta. Su tiempo libre está regido por un fixture pero está dispuesto a ir a comprar leche para el bebé siempre y cuando sea en el entretiempo. Si no se lo frena a tiempo puede cometer la marginalidad de usar la camiseta de River para ir a tomar algo con los amigos de la novia/mujer/amante. Ojo con este, hay que tenerlo vigilado.

Opa-enduro: Este tipo de espécimen suele considerarse una variable del fanático y es, ciertamente uno de mis preferidos. No piensan en otra cosa que en gastar fortunas en cascos, pecheras y demás chirimbolos para la moto. Lo contactás por whatsapp y tiene la foto de una moto, así que no sabés si es feo o te chamuya un transformer. En su cuenta de Instagram tiene una publicación con foto de la moto con el título “Ella” o “La más linda”. Te parte el alma.

Aire-libre-lover: Aaaaahh es un canto a la vida. Es carismático, sube videos divertidos corriendo con el perro, tiene un lomo tallado por los dioses griegos y está bronceado todo el año. Todas mueren por él y esperan ansiosas sus historias de Instagram donde muestra mil maneras diferentes de tirarse a la pileta mientras suenan las últimas canciones de moda. Sabe preparar tragos exóticos y le encanta publicar videos haciendo sentadillas, estocadas y abdominales. Ah, no es mucho de laburar pero bueno, todo no se puede.

Machazo: Este suele hablar con un tono de medio a alto “porque él habla así” y camina como llevando baldes, ubicás? En el grupo de Whatsapp es el que manda el video de los gemidos una y otra vez, auto festejándose la gracia porque es muy capo y piensa que los demás son todos boludos a vela. Siempre tiene razón y se hace lo que él dice porque él lo dice y punto. Mira otras minas en la calle cuando va con la mujer a quien se refiere como “jermu” o “bruja”, y gusta de hablarle en diminutivo para que no se enoje. Ej: “Brujita me voy a comer un asadito con los vagos, vuelvo tempranito”. Pero es de volver tarde, claro, justo para sacar a pasear a Dino.

Complejo de centro de mesa: Este es genial porque se pone en papel de entrada, apenas lo ves te dice: “Qué tal la remera que clave hoy eh ¿divina no?; me puse lindo para vos”. Lo bueno es que nos ahorra los piropos porque él se los tira todos. Es como si caminara sobre una alfombra roja con luz seguidora. Tiene un micrófono imaginario frente a él y solamente lo cede si tenés alguna pregunta sobre él para hacerle. No hay tópico que no sea interesante para hablar: Su trabajo, sus gustos, sus logros, sus sentimientos. Es el mejorador de anécdotas por excelencia; si por alguna extraña razón hacés uso de la palabra para contarle que tuviste un accidente de auto, él te va a contar que le pasó algo parecido pero con un unicornio que lo atropelló mientras caminaba por Tokio. Tus anécdotas y vivencias no tienen ningún valor frente a este espécimen, no te gastes.

Rata coluda y/o rata de albañal: Este ser de luz está signado por la avaricia más profunda. En caso de arreglar una primera salida, el roedor tratará en lo posible de proponer que se encuentren en el lugar acordado y evitar el gasto excesivo de combustible. Suele decir: “Tiene alarma, se cuida solo, capo” al cuidacoches en la calle y es muy de lanzar comentarios del tipo “Ah pero qué choreo este lugar” mientras meritúa los precios del menú. Cuando el mozo trae la cuenta, el ratón calcula para aportar la mitad y dejar una propina miserable. Repudio para él.

Para ir cerrando propongo el ejercicio de identificar a algún conocido entre estos párrafos, teniendo en cuenta que si no reconocés a nadie, podés ser vos.

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