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Revista Salvador

Quédate en casa, o empezara de nuevo todo

El uso político de la ignorancia y la ausencia de espíritu crítico son los componentes principales de la dominación social que se ha instalado en la sociedad.

Por E. B.

Si bien el fenómeno de la pandemia de Covid-19 es mundial y sus consecuencias también, sin embargo, conviene pronunciar alguna argumentación sobre cómo impactará en un país tan subdesarrollado y con una clase dirigente mediocre y ambiciosa como la que gobierna en la Argentina.

El argentino contemporáneo es un individuo de pobre formación académica –dicho en términos generales, obviamente-, que ha perdido el patrimonio del conocimiento que lo distinguiera en tiempos del Centenario. Este argentino pos-peronista, que tentó ser la última revolución social, es un ser apático, abúlico, con marcada tendencia al conformismo y con una avanzada pérdida de su juicio crítico.

La consigna “#QUEDATEENCASA” es una excelente herramienta de domesticación social porque arrincona a la población en sus hogares haciéndole perder el ejercicio de derechos constitucionales básicos. Se dirá que es en atención a una emergencia mundial, pero el poder de detención y arresto otorgado a fuerzas de seguridad linda con el Estado de Sitio.

A la pérdida de la libertad ambulatoria le sigue el deterioro económico y de su calidad de vida. El otorgamiento de subsidios también de emergencia convierten al sujeto en un rehén del Estado con lo que cualquier ideología muere porque depende de esa dádiva para una subsistencia indigna, amaneciendo en el fondo una suerte de “Síndrome de Estocolmo” en el ciudadano.

Luego, el ciudadano pierde su derecho a educarse produciéndose el fenómeno paradójico que siendo la educación para la inclusión y la igualdad, se instruye sólo a una oligarquía con acceso a las herramientas tecnológicas. Desde ahora y mientras el Estado no equipare la situación, la educación plena y de calidad es sólo para el sector de los que más pueden con lo que condena a los de menores recursos a una pauperización más profunda. Si la educación decimonónica diseñó una “Historia Oficial”, ni qué pensar con una “Educación” teledirigida. Tal es hasta aquí la sociedad del futuro que estamos delineando.

Con la prensa dominada por las pautas publicitarias de los gobiernos, quedan sólo las Redes sociales como espacio de expresión libre, algo que el Estado no puede permitir, de allí sus intentos trasnochados de controlar los contenidos de las Redes, último paso para la destrucción absoluta de la opinión pública.

En un mundo donde la capacidad diferencial es la regla para la obtención de los empleos, ¿qué le puede esperar a quienes hoy están siendo marginados de la educación. Se los está condenando a ser perdedores en la selección laboral según esas capacidades diferenciadas.

El proceso de esta pandemia ha generado de suyo exclusión y lo más grave, una tendencia a la eliminación de los sectores de riesgo etario. En la concepción del nuevo orden se está inyectando en la sociedad el concepto de que los adultos mayores son prescindibles. Así la eutanasia será para ellos lo que el aborto para los nonatos.

Con la sociedad así dominada, sometida y manejada por un periodismo servil y utilitario, la construcción de arquetipos políticos es sólo una operación de prensa. Se terminó la época de los candidatos elegidos por el pueblo. Ahora es el tiempo de que el pueblo elija a los candidatos que le ordena el establishment. La democracia está invertida.

La cuestión social se agravará a límites insostenibles porque la comida está escaseando en los sectores más vulnerables y esto por dos razones: porque sin trabajo no generan ingresos y porque los alimentos suben su precio sin parar. Se está llegando a hacer realidad la profecía del Apocalipsis: «Agua y cebada tasada» (Apocalipsis), sólo para quienes pueden pagarla.

El dinero físico está desapareciendo. Con la cuarentena el cobrar y el pagar se desarrollan de manera virtual, un fenómeno que alcanza incluso a los más pobres a quienes se les entrega una tarjeta que se recarga, no ven billetes.

Con este panorama no hace falta ser un profeta ni un vidente para advertir que la pandemia del coronavirus asume todas las características de un proceso pensado para cambiar el orden mundial de un plumazo.

Porque si alguien piensa que dentro de unos meses volverá a vivir como lo ha hecho hasta ahora, está totalmente equivocado. De aquí al chip del Anticristo estamos a un paso, en el umbral del gobierno universal.

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