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Revista Salvador

Las sociedades secretas no tan secretas

Estoy convencido tanto que existió una fuerza oculta detrás de los acontecimientos revolucionarios en Suramérica, como que la era de la ilustración vino de la mano de distintas Sociedades Secretas que trabajaron desde sus Talleres la idea del Ciudadano Universal siempre en busca de lograr los derechos de aquellos que menos tenían.

Por Jorge Oliver

Investigación mediante, el hecho de poder conocer la masonería desde adentro, sus orígenes, sus pensamientos, su proyección en la sociedad, me develó cuál era el hilo que ensambló a miembros de la masonería tan distintos como Miranda, San Martin, Belgrano, Voltaire, Rousseau, Washington, Franklin, Pitt, Rivadavia, Moreno, Castelli, Beresford, French, Berutti, Alvear, Bonaparte, Liniers, Saavedra, O’Higgins, los Carrera, Monteagudo, Murillo, Mitre, Sarmiento, Urquiza… entre tantos otros que, como habrá notado, van más allá de nuestras fronteras continentales.

De repente estaba frente a esa “otra historia”, la narrada a partir de esos datos que recopilé durante un extenso tiempo y que fueron aportados por más de ciento treinta historiadores, pensadores y políticos, que me brindaron otra visión de los inicios de nuestra patria, la cual publiqué en Sociedades Secretas & Revoluciones Suramericanas, (Ed. Mundo Gráfico, Salta, 2018) donde la masonería jugó un papel preponderante acompañando el liberalismo recién desembarcado en estas tierras.

Si nos empeñamos en buscar los orígenes de este liberalismo Latinoamericano, encontraremos que estos presentan arranques tan diversos como los mismos procesos emancipatorios surgidos desde fines del Siglo XVIII y los comienzos del XIX.

En sí, podríamos citar dos posturas liberales: una de corte inglés, ordenado y muy bien organizado; por otro lado uno revolucionario, de corte radical y progresista. Lo anecdótico es que éste se mira en el modelo francés aunque se referencia del norteamericano.

El liberalismo en Suramérica, asume de manera contundente la bandera de la igualdad civil. Este igualitarismo, es encabezado principalmente en el viejo continente por el masón Rousseau, quien desde su obra propone “la creación de instancias comunitarias suficientes para la satisfacción de las necesidades irrenunciables del individuo”.

Recordemos que Rousseau y los liberales masones franceses están profundamente enfrentados con el poder monárquico; es la época en la que se comienzan a barajar valores tales como libertad, igualdad, fraternidad, moral y derechos, estos tres primeros, verdaderos símbolos enarbolados a viva voz por la masonería en cada “Taller” (que en lenguaje masónico, hace referencia al lugar donde se reúnen y sesionan semanalmente) expandido por el mundo.

No obstante hay que señalar que este liberalismo “a la suramericana” presentará las mismas tensiones que encontramos en la génesis de su mentor europeo en la lucha contra la monarquía.

En esta Latinoamérica, en el siglo XVIII se alzaron no sólo contra el opresivo dominio colonial, sino también contra la oligarquía. En un artículo por demás interesante de Mariátegui, él señala que si los procesos emancipatorios en lugar de haber sido impulsados por la burguesía americana (donde anidaba la masonería en aquella época), los hubiesen emprendido los gauchos platenses, los cholos peruanos, los rotos chilenos, o los leperos de México se podría haber discutido más en profundidad los problemas de la tierra, étnicos, raciales, entre otros, temas que siguen constituyendo una materia pendiente en la vida de los pueblos de esta parte de América.

Cuando empezamos a profundizar en esta historia, figuras que aparecían en escena como actores de reparto en la historia oficial, empezaron a tomar protagonismo de verdaderas primeras figuras con un rol protagónico increíble. Francisco de Miranda fue, sin duda, el gran organizador de todo.

Miranda, conocido como el primer venezolano universal, fue combatiente en tres continentes: África, Europa y América. Había sumado una invalorable experiencia militar en Norteamérica y es quien había creado la idea de una Colombia como Estado de toda América.

Don Francisco fue quien logró nuclear esta red de contactos de destacados oficiales americanos que servían al Ejército Español y que habían sido iniciados en las Logias de la ciudad andaluza de Cádiz. Nacido en Caracas en 1750, fue un personaje de excepción. Quienes lo conocieron lo describen como una persona con un ángel muy especial, atractivo, mirada enérgica, voz firme y con gran distinción.

Se deberá tener en cuenta que es en Madrid, en el año 1795, en donde los americanos residentes en la península ibérica se congregan en lo que se dio en llamar la Junta de Diputados de Pueblos y Provincias de la América Meridional, un exquisito grupo compuesto por militares, sacerdotes e intelectuales que juraron luchar por la independencia de los territorios americanos y que es justamente el Generalísimo Miranda, quien promueve dicha Junta en compañía de los salteños José Moldes, José y Francisco de Gurruchaga, los sacerdotes José Cortez Madariaga, Servando Mier y Juan Pablo Fretes entre muchos otros.

Desde mayo de 1802 cuando Miranda se instaló en su ya famoso domicilio londinense de 26 Grafton, Fitz Roy Square, designó a su casa como el lugar de las reuniones donde se iba a gestar la insurgencia de americanos en América. La mecánica casi en general era la siguiente: salían de España, en algunos casos como el de San Martin, con permiso de la Corona, en otros, en la mayoría, huyendo de Cádiz; se les conseguía un pasaje a Londres, y a su arribo, Miranda los citaba a su casa, compartía sus planes, los adoctrinaba y luego se encargaba que regresen a su pueblo.

Pasaron por su domicilio, los que serían embajadores de la revolución; de Venezuela, Luis López Méndez, Simón Bolívar (a quien conocía de niño ya que era amigo de Juan Bolívar, su padre) y Andrés Bello y de Buenos Aires, Manuel Moreno, Alvear y José de San Martín, de Chile, los Carrera y Bernardo O´Higgins. Miranda la tenía clara: puso el acento en esos encuentros en la organización de campañas de prensa a favor de la causa americana.

Pero no sólo Francisco de Miranda estaba operando para la organización revolucionaria, la suerte también jugó un papel de importancia, ya que como bien señala Emilio Corbiere hay un dato que es para nada menor, “la causa de la independencia hispanoamericana se benefició con el levantamiento del Gral. Rafael de Riego en España, quien desalentó al imperialismo ibérico a enviar refuerzos militares y bélicos para defender sus colonias. Riego debería tener una gran estatua en Buenos Aires y en las principales ciudades de Latinoamérica. La solidaridad del liberalismo masónico español fue muy importante para la causa libertadora, tanto más que el interés británico para que se estableciera el libre comercio”.

Por eso entiendo que, aunque la influencia del iluminismo francés, Rousseau y el liberalismo anglo norteamericano fueron importantes para los revolucionarios de mayo, a mi criterio, la más importante fue la proveniente del liberalismo español, que aun a sabiendas que no era sostenible en el tiempo dicho levantamiento, distrajo fuerzas, generó opinión y dilató la llegada a tierras americanas de un ejército profesional comandado por el Virrey de Granada, con muchos soldados con experiencia en combate nada menos que contra Napoleón Bonaparte; en definitiva nos brindó un tiempo extra que no pensábamos tener y que hubiera cambiado el resultado de la compulsa.

Mientras tanto aquí las Logias ejercitan pensamientos liberales, practican la tolerancia hacia el pensamiento humano, pero actuando siempre en tiempos de relativa paz. El tema es que ahora estas Logias influenciadas por la triada de la Revolución Francesa y por sus ideas políticas avanzadas de la época, buscaban la independencia suramericana de su metrópoli colonial. Era algo nuevo en estas tierras: masonería en tiempos de guerra: de filosofar a crear cuadros políticos y de ahí a la concreción de estamentos militares.

En tal caso, dichas Logias debían ser secretas a ultranza, preparadas para la lucha ideológica y militar en un ámbito internacional adverso y contra un enemigo muy poderoso al que debían enfrentarse cuidando hasta el más mínimo detalle.

Bajo estas premisas trabajaron algunos Talleres, como por ejemplo la ya aludida Logia “San Juan de Jerusalén de la felicidad de esta parte de América”, fundada por Juan de Silva Cordeiro, un portugués iniciado en la Logia Matritense de Madrid.

Esta Logia desde su denominación pone en claro la Independencia como objetivo. Carter al respecto señala que juntamente con la Logia, “había aflorado, ya entonces un grupo revolucionario promisorio de grandes actividades. La revolución ha sido anunciada y la conjunción de ideales hará posible la independencia americana”.

Sus miembros se reunían en la casa de José Tabares en Buenos Aires y su propio dueño ocupaba el cargo de Venerable Maestro, junto a Pinedo como Secretario, a Juan Ángel Vallejo como tesorero y a Gregorio Gómez, quien llegaría a ser amigo íntimo de San Martin, empleado de la renta del tabaco, quien años más tarde continuaría en su trabajo masónico formando parte de la Logia Lautaro.

Un dato anecdótico, señala que tras una fuerte lluvia, en un solar bastante deteriorado como el de Tabares, varios de sus elementos rituales quedaran en pésimo estado, y tras intentar recomponerlos, exponiéndolos al aire para secarlos, muchos fueron diseminados por el viento y cayeron en manos de los vecinos, quienes los entregaron al Capellán de las Catalinas que a su vez lo remitió al Obispo y por último, éste lo denunció al mismísimo Virrey.

No tardó el Oidor Bazo y Berri en intervenir en este verdadero asunto de Estado con el fin de labrar las actuaciones correspondientes, con la participación de quien daría fe a lo relatado, el escribano Juan Corttei. La investigación fue un éxito, ya que se logró identificar a los integrantes de la Logia, pero debido a circunstancias poco claras, el sumario no siguió su curso, aunque supuso un elemento fehaciente que acreditó la existencia de la Logia en la capital del Virreinato del Rio de la Plata.

La primera Logia Independencia, data de 1795. El Centro de Estudios para la Gran Reunión Americana aporta testimonios de variados orígenes que corroboran su existencia: uno de ellos es la del Gral. Enrique Martínez, quien en una misiva dirigidas a Andrés Lamas expresa: “desde época remota existía la sociedad masónica y Peña y Vieytes pertenecían a ella”; otro es el del General Miller, un militar poco afecto a la masonería quien escribió en sus memorias que “un club llamado la Logia, se ha introducido con el objeto ostensible de promover la emancipación de la América española”. Hay un tercer testimonio que pertenece al Cnel. Santiago Burke, quien saliendo de la ciudad en 1809 fue despedido por un número de las principales personas del lugar, “mis viejos amigos de Independencia” finalmente Francisco Grillo en su obra Episodios Patrios, revela una comunicación de la Gran Logia de Versalles dirigida a la Logia Independencia en 1795.

Arturo Gambolini, da fe de otra Logia, al señalar que “Belgrano funda la Logia Argentina en San Miguel de Tucumán, que años más tarde se denominará Logia Unidad Argentina y que inició sus trabajos con Carta Constitutiva otorgada por la Masonería de Nueva Granada”. Se entiende por Carta Constitutiva al decreto que autoriza el Taller, previa revisión de que se cumpla con todos los requisitos masónicos exigibles.

La búsqueda de la libertad era el objetivo principal, siendo ésta “el derecho inclaudicable y más sagrado que posee todo hombre. Derecho por el cual, se convierte en responsable de sus actos, basados en su librepensamiento y cuyo límite es la máxima masónica: lo que no quieras para ti, no lo quieras para otro”.

Fueron estas Logias (San Juan de Jerusalén, Independencia, Nueva independencia, Amigos de la Libertad, la Sociedad de los Siete) quienes aportaron el fermento ideológico que desembocaría en la formación del primer gobierno patrio, teniendo además una destacada actuación durante la ya aludida primera invasión inglesa, cuando lograron verificar desde el inicio de las acciones, que la ocupación británica no cumplía con lo pactado, (entre Miranda y el Primer Ministro Pitt) que no era quedarse con estas tierras sino colaborar con el retiro de las autoridades españolas, por lo cual la llegada de los ingleses, sin resistencia alguna por parte de los patriotas, termina transformándose en una cruenta reconquista, con final feliz para nuestra historia.

La Logia le habría solicitado a Castelli que se apersone ante Beredford para pedirle explicaciones por su proceder, éste desconoció lo firmado por Pitt aduciendo un tibio “el Primer Ministro murió”, a lo que Castelli espetó un enérgico “entonces desde este momento comienza la reconquista de Buenos Aires”

En estas Logias se habló profusamente de la estrategia a seguir ante los posibles argumentos de los realistas, lo que permitió aceitadas exposiciones de exquisitez doctrinarias en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, -recordemos que la oratoria es una de las disciplinas que deben ejercitar los masones- y finalmente con gran fuerza, audacia y decisión consiguieron desbaratar la conjura gatopardista del 24 de mayo, para llegar al 25 coronando un triunfo patriota, justo un año después del movimiento revolucionario altoperuano en Chuquisaca.

 

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