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Revista Salvador

VER LA VIDA SOBRE DOS RUEDAS

Viajar en moto es quizás uno de los planes más pensados y menos ejecutados en la vida de una persona. Algunos logran vencer esa inercia y se suben a las ruedas, uno de ellos es Eduardo Costello, que recorrió el país de punta a punta.

Por Julio Frías

El viaje dejó cientos de fotos, decenas de anécdotas y un libro, “Volando puentes”, que más que un libro de viaje es el relato de una iniciación, de una forma distinta y única de ver los paisajes y las personas del camino.  Es volverse otra vez chico ante la geografía, admirarse de lo que antes de veía por la ventanilla de auto o desde las alturas en un avión.

Eduardo Costello, “el ciego”, recorrió el país por la Ruta Nacional 40, la más famosa del país. “La verdad que fue un viaje maravilloso. De esos que alguna vez en la vida hay que hacerlos. Y que por ahí uno lo postergó desde siempre en pos de mandatos o de obligaciones concebidas. Y uno siempre, como lo digo por ahí en el libro, uno siempre postergó los sueños o postergó el yo. Siempre viendo por el otro”.

Dicen que la 66, la trasandina y la ruta 40, son las mejores rutas que hay en occidente para hacer. Vos las recorriste enteras. ¿Te pareció?

Recorrer y atravesar la Argentina toda, lo que te da, es que te permite dimensionar lo diferente que tiene nuestro país en paisajes, en idiosincrasia, en clima, en tamaño. O sea, te permite a vos, darte cuenta que vivimos un país enorme, con todo tipo de culturas diferentes siendo los mismos. Yo pude describirlo al país en colores. Nosotros tenemos un norte multicolor, divertido, amable; a veces medio caótico. Pude ver un centro marrón y verde, verde soja o verde trigo y un marón paca. Y un sur con un gris amarillento que te da nostalgia, que da a inmensidad y a soledad en algunos casos.

A volver a pensar en tu casa…

Sí. Aparte a darte cuenta lo que significa hacer patria en una zona tan inhóspita. Cuando a mí me tocó estar en otra etapa de mi vida, yo discutía y peleaba mucho porque el diferencial que tienen en el sur, en lo previsional y salarial, siempre había sido motivo de discusión para el resto de las zonas del país. ¿Por qué ellos sí y nosotros los del norte no, teniendo idéntica lejanía al puerto, idénticos criterios de estar en desventaja de los argentinos en el centro o de ese cordón industrial que tiene la Argentina? ¿Por qué los del sur sí y nosotros no? Bueno, cuando empezás a transitar el sur te das cuenta que está muy bien pagado ese diferencial, porqué hay que vivir ahí. O sea, tener 24 horas, de las cuales 20 tienen viento que es insostenible, en donde tu vida social es casi inexistente, porque no podes tener una mesa de un bar afuera, porque no podes tener o vincularte en una terraza porque un viento no te lo permite; claramente es algo admirable, ese argentino que ha tomado la decisión de hacer patria en el sur.

A mí me ha impactado mucho transitar por la ruta 3, todo lo que es el Atlántico Sur, y ver carteles que te decían «usted está transitando por el Atlántico Sur”, y darme cuenta que tengo un hijo de 17 años y pensar en todos aquellos que con un año más tuvieron que ir por el capricho de algún trasnochado a pelear una guerra loca. Y ver que había que salir de un puesto con un frío inhóspito y con un viento que te llevaba a la nada. Realmente es impactante.

A mí, el sur lo que hizo, es darme una patada en el pecho de realidad. Y de ver que efectivamente hay una realidad muy distinta a la que nosotros vivimos. Por ahí nos quejamos y mucho, pero nosotros podemos tener ese norte divertido, multicolor y caótico que lo hace lindo y que hace linda la vida.

Cuando vas en la moto tenes frio, tener calor, tenes todo. Ahora, el frío es distinto, el calor es distinto y las sensaciones son distintas….

Se potencian. Estas integrado al paisaje. Para empezar no tenes techo, no tenes parlantes, no tenes parabrisas. Nada. Estas vos integrado en un paisaje o en una inmensidad o en una foto. En un sendero de curvas que te permite cada curva un paisaje distinto.

Se potencian los sentidos, se potencian los olores, se potencia el clima, el calor y se potencia el frio. Lo sentís directamente en el cuerpo, y es lo que lo hace lindo. El viaje en moto es eso: es sentidos, es potenciar sentidos.

Había un viejo amigo mío que decía que le contaba más cosas al casco que a su mujer…

Así es, sin dudas. Las cosas que no le contaste a nadie, se las contaste al casco. Entablas charlas con la moto, que a lo mejor, porque yo digo que el que no le habla a las motos es el que está loco.

Vos llegas a comunicarte con vos y resolvés problemas que pasaste meses sin resolver, por el simple hecho de estar sentado horas solo manejando. Vos, la moto, el casco y que te permite ir acomodando ideas que tenías totalmente desacomodadas.

Me pasó que muchas veces me dijeron que estoy loco por estar en medio de la nada y que te falle la moto y decirle «por favor, amor mío, arranca» y arranca…

¡Olvídate! Yo tengo un vínculo con mi moto en donde no logran entender. De hecho por ahí genera celos. Se lo explicaba el otro día a alguien; no es un bien material: es algo a lo que yo le agradezco cuando me trae sano y salvo a mi casa. A la que yo veo cuando llego a algún parador o algún hotel; la veo y digo «que hermoso trayecto hicimos».

Cuando yo llegué al final del continente, al Estrecho de Magallanes, estaba parado primero en la cola que te lleva a las balsas para subir y que te cruce a Tierra del Fuego y yo llegué gritándole a la moto que habíamos llegado al fin del Continente, al fin del mundo. Con una emoción que te dan ganas de abrazar el tanque. Pero si no lo viviste, es muy difícil de explicar. Por eso es que por ahí con otro motociclista no te viste nunca, pero te pones a charlar y podes estar horas en una estación de servicios, es como que te conoces de toda la vida porque estás entendiendo el idioma, el mismo sentir y no importa la moto, no importa la cilindrada, no importa el tipo. El viento en la cara es el mismo dicen.

Cuándo tenes tu moto y tenes auto, al auto no lo lavas, pero a la moto le cambias la bujía, el aceite… ¿Por qué pasa eso?

Porque uno tiene un sentimiento muy especial con la moto. Cuando a vos se te cruza un camión adelante, en forma imprevista y vos clavas los frenos y la moto viborea, pero frena y no te la pones, vos no le agradeces a la pericia del conductor, le agradeces a la moto que haya frenado a tiempo.

Cuando se te cruza un chancho en el medio de una ruta en Chaco, y te sale de una banquina que está llena de yuyos, y lo podes esquivar, no le agradeces a tu capacidad para esquivarlo, le agradeces a la moto que dobló perfecto.

Generas un vínculo y la moto no tiene marca, no tiene tipo, no tiene cilindrada, tiene nombre. A mí cuando me preguntan qué moto es, esta se llama Macacha. Y cuando yo hablo de Macacha, es parte integrante de mi familia. Cuando mis hijos hablan de Macacha, hablan como si fuera una tía. Así que claramente, el vínculo que uno arma con la moto es genial.

Recién mencionabas que te encontrabas con cualquier tipo de moto, cualquier personaje. Y viene una pregunta; ¿Hay una edad para viajar en moto?

No. Yo estoy convencido que no. Yo si veo que el hombre posterga, por esto que hablábamos al principio, como tenemos mandatos ya preconcebidos. De hecho nosotros siempre, por ahí lo digo en el libro, uno fue criado primero para cumplir con tus viejos, después con tus hijos, cuando nuestros hijos ya son grandes, empezamos a cumplir de vuelta con nuestros viejos. Y nunca con vos.

Generalmente uno ve que hay mucho motoquero de avanzada edad porque llegaron a una etapa de su vida y dicen «siempre quise viajar en moto y nunca me la compré porque siempre tenía que laburar para otra cosa». Hoy felizmente se ve muchos más jóvenes arriba de la moto. Yo viajo hace casi 16 años, y cuando yo empecé a viajar era el más pendejo de un grupo grande de motoqueros que tenían en todo el país. Era casi el nieto de todos los otros. Pero hoy felizmente se está volcando. Yo creo que cuando uno agarre esta pasión más va a disfrutar en la vida, porque te vas a permitir hacer todos los viajes que proyectes, porque esto es proyectarlo. Lo vivís cuando lo proyectas, lo vivís cuando lo haces y después cuando lo contás. Es como una foto. Vos ves una foto y volves a ese momento que lo viviste. Así que no, yo creo que no hay una edad, pero aconsejo que desde más chico puedas, mejor.

Dicen que esta tribu es la más democrática que existe…

Sí. Claramente. Acá el motoquero no tiene rango, no tiene, es horizontal. En este mundo no hay caciques, acá hay libertad pura. Tiene códigos, hay ciertos parámetros que el mundo de la moto te impone, pero con total libertad. Te permite viaje en grupo, te permite viaje en pareja, te permite viaje con amigos. Te permite el viaje solitario como el que yo hice. Y lo disfrutas de todas maneras. Es un submundo muy particular y realmente hermoso.

Esto es mucho más personal. La moto cuando viajas y hacer una aventura así ¿Te termina cambiando?

Sí. Cada viaje te cambia, cada viaje te mejora, por esto de que te permite acomodar ideas.  Las ideas que por ahí vos no las podías acomodar durante meses. La conexión, el hecho de parar en el medio de un trayecto, porque aparte, el viaje en moto no es el destino, es el trayecto. O sea, viajar en moto no es un medio de transporte, no es que yo quiero ir a Jujuy y voy en la moto, no. Es el trayecto de Salta a Jujuy. Que incluso, podes llegar a Jujuy, estar 5 minutos y volver. No es el vehículo que te transporta, es el viaje en sí, entonces vos lo disfrutas entero. Yo disfruto muchísimo parar en medio de la nada, fumarme un cigarrillo y tomarme unos mates. Pensar, ver; conocer el paisaje.

Ahí hay un detalle que no se si te pasó a vos. Cuando vos paras en medio de la nada a fumar un pucho, después de muchísimos años sentís lo que es el ruido del encendedor, el ruido de la seca porque no hay nada más y tomas otra dimensión. ¿No te pasó eso?

Sí. Pero te da una sensación de chiquitez, vos paras por ejemplo (que me tocó en un viaje a Machu Pichu) vos parás en la Cordillera de los Andes, en el Paso de Jama, tiene un paisaje tan maravilloso, ¿Y viste que dicen que cuando vos te sentas frente al mar, esa inmensidad te dispara una hormona que te baja el estrés? Bueno, en la inmensidad de la Cordillera pasa lo mismo. O de una salina. Vos cruzas la salina de Santiago del Estero un día a la mañana, y párate en el medio a fumar un cigarrillo y ver esa inmensidad, ver los colores y el sol que se refleja en los cactus, te cambia el paisaje. Empezas a querer el paisaje y empezás sentir todo. escuchas todo: escuchas los pajaritos, escuchas el encendedor, cuando tras el humo. Disfrutas los pajaritos, disfrutas el mate. Disfrutas el caminar a la vuelta de la moto. Es maravilloso.

Hay puristas que dicen que viajar con cámaras de foto no sirve. Que hay que llevarse las imágenes en la cabeza.

Sí y no. A ver, depende. Yo soy de la idea de que viajes y lleves lo que quieras. Disfrútalo a tu manera. Pero hacelo.

Hay muchos tipos que llevan toda la tecnología puesta a disposición del viaje, yo por ejemplo no. Yo voy a la vieja usanza, yo prefiero preguntar, el contacto con la gente que te dice «señora, ¿Cuánto falta para llegar?». Para mi es maravilloso.

Otros prefieren que el GPS les diga cuántos kilómetros les falta. Hay otros que prefieren que el GPS les diga dónde está la estación de servicio más cercana. Yo prefiero la ansiedad de saber si llego con la nafta a la próxima estación de servicio. Son gustos. Ahora, de cualquier forma que lo haga está bien.

Terminas en los mejores lugares, te haces de amigos que jamás pensaste hacerte, de vínculos…me pasó en este viaje, de hablar con una familia mucho antes de que termine el continente, y esta gente de brindarme una cabaña en el centro de Tierra del Fuego, con una generosidad enorme y tener un vínculo que nos mensajeamos «qué tal, como están, cuídense». He visto que en Tierra del Fuego hay más casos que acá, con este tema de la pandemia. Generar vínculos pregunatando. La moto tiene eso, tiene un imán donde la gente viene y se acerca a preguntar de donde venís, que moto es, cuanto da, es maravilloso. Yo hice amigos, enormes amigos gracias al viaje en moto.

¿El auto te da una barrera para relacionarte?

Y sí. Porque autos hay muchos y viajeros en autos hay muchos. Y porque si vas en auto generalmente no vas solo, vas con alguien y eso ya te limita en el contacto con la gente. Vos podes ser muy charlatán, pero al lado llevas alguno que ya quiere llegar. “Que dale que llegamos tarde, que la reserva”… Yo cuando viajo solo, viajo a la olla: no tengo reserva, no tengo destino. Yo sabía en este viaje que para llegar a Ushuaia tenía que ir abajo, tenía que ir al sur indefectiblemente y para volver al norte. Me daba igual parar acá o hacer 100 kilómetros más y dependía de cómo me respondía el cuerpo. Entonces sí, el auto te genera muchas limitaciones. A mí me gusta viajar, pero en la moto mucho más.

¿Solo o acompañado? Si te dan a elegir.                 

Mira. Hay momentos en la vida que está bueno acompañado. Yo disfruté mucho viajar en grupo, disfruté mucho viajar con mi mujer atrás. Disfruté mucho viajar solo.

Da la particularidad que mi primer viaje en moto fue muy lejos para lo que era un primer viaje, y lo hice solo. Entonces por ahí es como que te da otro gusto. Y esto de vincularte con la gente cuando vos llegas solo a algún lugar, es como que la gente se anima mucho más. Está ese preconcepto de que llegan muchas motos y son todos maleantes, por este esquema hollywoodense de las pandillas y que se yo. Ahora, si llegas solo es como que la gente se abre mucho más.

Te cobija.

Sí, sí. Claramente.

Llegaste… ¿Cómo se llama el libro?

Volando puentes.

¿Es un libro viajero o es un libro de confesiones?

Un poco y un poco. Si bien tiene mi último viaje en la moto que es Ushuaia-La Quiaca. Salta-Ushuaia; Ushuaia- La quiaca, es la visión particular con respecto a las pasiones. Que si bien está orientada a mi pasión que es la moto, se puede aplicar a cualquiera.

Tiene que ver con esto, de animarse a disfrutar la vida sin tanta culpa o sin sentirse mal por estar disfrutando. De animarse a hacerlo porque la vida pasa muy rápido y va a llegar un momento en donde lamentablemente las pasiones sean imposibles de cumplir pero por limitaciones físicas. Entonces tiene un poco y un poco. Y es claramente autorreferencial porque habla de mi forma de encarar las pasiones y de lo que fue este viaje y todo lo que me generó. 

¿Pensas seguir viajando?

Obvio. Yo creo que nunca voy a dejar. Y de hecho, cada viaje lo que hace es germinar mayor deseo de viaje.

El viaje en la moto tiene las particularidades que no existe, no se… te fuiste e hiciste 2000 kilómetros en la moto; llegas destrozado a tu casa, inmundo, sucio. Pero al otro día te levantas y ya estás planeando el próximo viaje. O sea, es como un vicio que te envuelve y que cada vez necesitas más y que ya te parece corto: «No, qué vamos a ir a Córdoba si es un viaje corto». Cuando a lo mejor es un viaje. Entonces ya te diseñas de nuevo.

El viajar en moto, una vez que se te metió adentro es imposible dejar de hacerlo y cuando te proyectas «¿Qué va a pasar cuando no pueda levantar la pata para subir a la moto?» Iremos con triciclo o disfrutaré que alguien me llevé, algo.

¿Cuál es la mejor moto o cilindrada para viajar? Estoy de acuerdo con que cualquier moto sirve. Pero si tengo que hacer un viaje, un tipo que no tiene para comprarse un GS 250 ni una KTM 390, pero hay una franja enorme en el medio…

Enorme. Mira, yo soy un gran admirador del viajero de moto chica. A ver, yo he visto la sonrisa de esos tipos y no hay nada que se iguale. No hay nadie más feliz que el viajero de moto chica.

Me tocó un muchacho en Aguas Calientes, en Perú, que me contaba su viaje en una moto chiquita. Yo había llevado un tremendo motón, yo había llegado muy feliz, pero él era inmensamente feliz, y te llena de emoción ver un tipo con tanta felicidad.

Yo si diría que una moto que te permite un crucero, que a vos te quede cómodo. Si a vos te gusta cruzarear a 120, y una moto que te permita unos 10 kilómetros  más. Como para pasar un camión, como para que le quede resto y no llevar una moto exigida.

Tipo de moto, a mí me gustan mucho las Custom; yo soy de ese tipo de motos. Pero claramente la moto en donde uno se siente cómoda. Yo sí creo que yo entré en la moto por la estética, porque me encanta la moto Custom, me gusta el cromo, me gusta que brille, que esté limpia, que sea hermosa estéticamente. A lo mejor no es la mejor moto de viaje porque tenes muchas limitaciones, pero es la que más me gusta.

Ahora yo te voy a decir algo que decía mi abuelo; el mejor auto es el que uno tiene. Yo me enamoré de mi primera moto, me enamoré mucho de mi segunda moto. No quise a mi tercera moto y después estoy muy enamorado de esta. Esto es como las relaciones de la vida. Y la más lindas de todas mis motos, fue de la que yo no me enamoré. Tiene que ver con las satisfacciones que te da muchas veces. Como todo en la vida.