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Revista Salvador

“Se abrían las puertas de varios dormitorios y entré a cada uno de ellos sin problemas”

Desde hace más de 40 años Marcelo Armando Hoyos es uno de los periodistas deportivos más querido, odiado, criticado, alabado y sin dudas el más conocido de Salta y uno de los relatores más calificados del país. También todo un personaje  de las calles de Salta.

Por Eduardo Huaity González

El sol de la tarde invernal y la cuarentena eran benevolentes con los que tomaban un café en un bar frente a Plaza Alvarado. Tranquilo y de jogging Marcelo Armando Hoyos desgranaba su vida, mientras decenas de personas pasaban y lo saludaban. El Diablo, al menos en este caso, es muy querido.

¿Por qué elegiste al Diablo?

El Diablo nació en el 2005 o 2004, cuando la productora en la que yo tenía mi programa de radio me propone como parte de pago del espacio, hacer televisión en el noticiero que estaban armando ellos y que estaba en Cable Visión.

Acepto y le digo a mi productora, “mira, vamos a tener que hacer televisión porque forma parte del pago del canon por hacer radio y me dice “bueno, está bien, pero vos no estás para hacer televisión todos los días de lunes a viernes. Creo que estás por encima de eso y me parece que tenes que hacer una columna”.

Entonces decidimos hacer una columna para lunes y viernes para todo lo que pasa hoy y para lo que pasará dentro del noticiero, pero no vamos a hacer lo tradicional, vamos a buscar un personaje. Ya no estaba Guillermo Nimo, que las nuevas generaciones no saben que era un tipo histriónico y que hablaba y comentaba futbol, un ex árbitro. Entonces elegimos un personaje parecido así, con esas características vestido de “demonio rojo” porque yo le pegaba todos jugadores y los dirigentes del deporte. Entonces salía con traje rojo y moño rojo. Ese personaje se convirtió una especie de crítica dura y muy fuerte contra gente del fútbol en ese momento. Era el Diablo para los clubes.

¿Sos un diablo en la vida privada?

Algo de diablo tengo. Soy un tipo transgresor que nunca tuve una conducta asociada a lo preestablecido, a las cosas que te dicen que hay que hacer. Yo siempre indagué, busqué por otro lado. Por lo tanto hay algo de diablo en mí, aunque soy un tipo bastante tranquilo en mi vida personal y privada.

Mucha gente que sabe de esto, comenta que vos y el Turco Wehbe, el cordobés, eran lo mejor que había en un momento dado en el país, en el interior. Pero no fuiste a Buenos Aires…

Yo fui a Buenos Aires y estuve trabajando con Víctor Hugo Morales mucho tiempo. A Víctor Hugo lo conocí en el 78 cuando hacia el programa “El Espejo”. Cuando se dio la oportunidad estuve haciendo eso.

También se me ofreció en su momento ir a Buenos Aires para incorporarme al equipo de Víctor Hugo y le dije que no, a pesar que yo iba a Tucumán, a Jujuy cuando se podía ir a Santa Fe iba a Santa Fe también entonces me querían  incorporar y yo dije no. Buenos Aires, a la que conocí en el año 74 por primera vez, es una ciudad muy histriónica, muy convulsionada, en donde todo el mundo corre mucho y además es una competencia casi desleal en esta profesión. Entonces le dije a Víctor Hugo, “sabes que Buenos Aires no, voy a  donde vos quieras, pero en Buenos Aires no, porque se vive para trabajar, en cambio en mi provincia se trabaja para vivir y prefiero esa vida más tranquila que incorporarme a Buenos Aires”.

Pero bueno, he trabajado en los 80 con José María Muños y en los 90 con Víctor Hugo y cuando algún jugador o algún técnico me decían “¿A quién le ganaste vos?” Yo les decía “yo jugué en primera, trabajé con Muños y Morales que era el River-Boca”.

Son pocos los periodistas en Salta a los que tienen identificados con un partido político de terminado, a un pensamiento político y que nunca lo ocultaste. ¿Te perjudicó o te daba lo mismo?

Yo nunca especulé con mi pensamiento ideológico. De hecho, a mí durante mucho tiempo el canal me prohibió decir hincha de quien era y soy hincha de Central Norte y así pasó con el radicalismo. Cuando estuve en Estados Unidos aprendí que los diarios allá, los editoriales, por una ley están obligados a decir en qué lado de la campaña están y después que la gente decida si compra el diario o no. Se trataba de ser honestos intelectualmente.

Además, yo ya estaba en exposición pública y en la década del 80 acompañé a Raúl  Alfonsín, salí en los actos y me movilicé a todos lados. Salí animando los actos de Alfonsín acá y del radicalismo, es decir que no tenía…

En toda la provincia  hiciste los actos…

En toda la provincia. Pero además nunca especulé con eso porque me parece que es honesto intelectualmente que la gente sepa desde que lado comento algo y desde que lado tiene mi postura periodística.

Aparte es algo tuyo…

Sí, porque yo amo el radicalismo, porque siento que es un sentimiento más allá de una ideología. Y creo que Alfonsín puso la democracia en el corazón de todos los argentinos que quieren la libertad y quieren en ella. Alfonsín nunca va a morir en esos corazones que laten y que quieren la libertad y que quieren la democracia.

El medio en Salta está complicado desde el punto de vista económico porque casi todos dependen del mismo contratista que es el Estado. ¿Cómo se puede hacer periodismo bajo estas circunstancias?

Hay que tratar de ser independiente, más que objetivo. Es decir, tratar de mantener una independencia desde el punto de vista de lo que uno piensa. Es difícil en una provincia donde el Estado no solamente sostiene a los medios de comunicación, sino también al comercio, a la industria, es decir, aquí no es Córdoba ni Buenos Aires donde vos tenes industriales a los que  venderle publicidad y mantenerte con ellos. Yo pasé mucho tiempo sin tener publicidad oficial y he subsistido. Yo me he peleado, no con Juan Carlos Romero, pero si con su gobierno y particularmente con quien manejaba el deporte en ese momento porque yo estaba en contra del famoso “Equipo único” y pasé por 17 radios a raíz de esto. Me decían “mira negro, si vos le pegas al gobierno no te dan la pauta”. Y así me terminé yendo de 17 radios, pero dije lo que quería y tenía publicidad privada.

Lo que pasa es que también apareció en estos últimos 12 años de democracia en la Argentina, la dependencia. El Estado siempre puso plata en publicidad, pero no la cantidad que su puso en estos últimos 12 años, entonces hizo que los medios dependieran de eso y entonces llegó la comodidad.

Yo tenía una pauta que de cada 17% o el 20% del ingreso total venía del Estado. El gobierno de los 12 años hizo que esa pauta sea del 100%. Entonces cuando vino otro Gobierno, ya todo el mundo quería la pauta total. Entonces bueno, hay que decirlo; los dirigentes del fútbol de antes no recibían un peso del otro gobierno. Iban y ascendían, jugaban en primera, viajaban y el gobierno no aportaba porque no le interesaba. Después apareció la dependencia deportiva, es decir, creo que el gobierno acostumbró a los medios, acostumbró a los periodistas, a la dirigencia y a los clubes a tener cierta dependencia o total dependencia del gobierno.

Recién hablábamos de la dependencia de todos del Estado y vos mencionabas esto del club único de Salta. ¿Seguís en la misma postura?

No, he cambiado. Porque las circunstancias cambian. En aquel momento Gimnasia y Tiro y Juventud Antoniana eran equipos que tenían su propio perfil y Central Norte era un equipo que todavía no estaba decididamente conformado institucionalmente como ahora. Entonces no había posibilidad, porque además los hinchas del fútbol estaban metidos en la euforia de Gimnasia y Tiro en primera división, Juventud Antoniana en el nacional B; Central norte tratando de ascender. Entonces había una competencia por la cual se justificaba que cada uno sea cada cual. Pero después el fútbol de Salta a raíz del fracaso dirigencial terminó en la lona. Gimnasia y Tiro casi vuelve a la primera local. Ahora Juventud Antoniana y Gimnasia y Tiro están al último del campeonato, Central Norte no termina de arrancar.

Creo que estamos en un momento muy malo futbolísticamente en la provincia, que haría que sí se pueda converger en un equipo que a la provincia lo lleve adelante, porque además va a haber un proyecto nacional que va a obligar a los clubes de primera división a tener determinada cantidad de socios, tener patrimonio y todo para evitar lo que está pasando ahora. Es decir, que se deban sueldos que no se pueda pagar. Entonces me parece que el futuro va a ser un club por provincia porque no se va a aceptar clubes quebrados, no se van aceptar clubes con dificultad económica. Entonces hoy las brevas están maduras para un equipo único.

La vez pasada escuché a un dirigente de fútbol de Juventud Antoniana diciendo que en Salta se crean clubes de fútbol más por los subsidios que por la competencia, ¿Vos pensas que es así?

No, yo creo que no es así. Fíjate vos que en Salta, cuando esta ciudad tenía 200 mil habitantes, había 35 equipos. Había Primera C, Primera B. Se jugaban los sábados a la tarde la Primera B, se jugaba los domingos por la mañana la Primera C y se jugaba los domingos por la tarde la Primera. Y hoy esta ciudad tiene más de 700 mil habitantes y tiene 18 equipos. Así que no creo en esa teoría. Creo que ha habido una falta dirigencial absoluta y total en este aspecto.

¿Por qué se cayeron clubes tan grandes por más esfuerzos que hagan como Mitre o como Pellegrini? si eran clubes con mucha fuerza o mucha presencia barrial.

El barrio era el barrio. Formaba parte de la idiosincrasia de la gente y mucha gente del barrio partió a otro lado. La explosión demográfica que hubo entre el 95 y el 2005 fue impresionante. Hemos pasado a tener 300 barrios desde entonces. La gente emigró.

En mi barrio éramos todos hinchas de Central Norte y ya no vive ninguno ahí. Se fueron a Santa Ana, al centro, se fueron a otro lado. El crecimiento poblacional determinó mayor cantidad de gente y se desarticuló la representatividad del barrio. Los chicos que se quedaban porque heredaban la casa del barrio, otros la vendieron y vinieron personas ajenas. Hoy no hay una identidad barrial que sostenga a los clubes que lo han sostenido históricamente. Yo me acuerdo que iba a la cancha de San Martín en los 80 y se llenaba; iban familias enteras a comer mandarinas y ver el partido. Hoy no pasa eso.  La falta del sentido de pertenencia al club se desarticuló por ese tejido social barrial destruido.

El fútbol en Salta, la igual que en el resto del fútbol en el país, sufre de una especie de quiste que es la mafia adentro del fútbol; la mafia de los barras bravas o de los dirigentes. En Salta se nota muchísimo porque las barras bravas están fuerte y los clubes están débiles. ¿Cómo se puede terminar con eso?

Ninguna de estas cosas podría existir si no hay una participación enorme de la dirigencia política. La dirigencia política ha alentado las barras, ha alentado a  los dirigentes de esta manera, porque también han sacado su porción de poder.

Después de la crisis del 2001 hubo un gran desmembramiento de la honestidad dirigencial. Nada se hace por amor. La crisis del 2001 nos llevó a un rompimiento de los valores y de principios del tejido social para poder sortear lo económico. Es decir, en los barrios se protegía las chicas con el vecino para poder comer. Entonces, partamos de esa base de destrucción del tejido social que tuvo la sociedad. Entonces los dirigentes se asociaron a los políticos, los políticos se asociaron a los clubes. Los barrabravas se asociaron a los clubes y entonces se formó una mafia que es imposible que se desarticule si el poder político no quiere desarticular y el poder político no quiere desarticular porque le conviene.

¿Cuánto de hipocresía hay en Salta?

Muchísima. Viaje por todo el mundo  y cuando veía mi país y mi ciudad desde otro lado, sobre todo cuando estaba en Europa, veía que tenemos tres culturas muy arraigadas entre los salteños: la cultura de la envidia. Si vos te compras un auto nuevo o una camioneta nueva a fuerza de trabajo van a decir que estás en la droga. La segunda cultura es la intromisión, es decir que quieren saber de tu vida y hay un cuento de Landriscina que es genial para eso, dice Landriscina, que si vos vas a Salta y decís “busco la calle Pedro Pardo”, te preguntan a quién buscas y si decís a Marcelo Hoyos te dicen “aah, Marcelo Hoyos, que se casó dos veces, tiene cinco y es periodista deportivo”… entonces saben la vida, pero no saben la calle. Y por último, la cultura de la apariencia que es la peor hipocresía; todo el mundo quiere aparentar algo que no es. Entonces el ascenso social es teórico, no práctico por eso estamos pobres.

Cholos y negros. ¿Sigue existiendo? ¿Es un mito?

Bueno, yo creo que a esta altura si es un mito, porque en  Salta nunca hubo oligarquía. Yo a la oligarquía siempre la vinculé al puerto, porque había verdaderamente ricos ahí. Yo creo que aquí hay gente aristocrática que tiene el peso en lo inmobiliario.

¿Sería una especie de cholo de segunda marca?

Sí, podría ser un cholo de segunda. Nosotros hemos heredado toda la influencia española del Virreinato del Perú donde estaba una clase, desde el punto de vista español, aristocrática. Y hemos heredado eso y porque además, hemos heredado lo que tenía por riqueza el cholo que era la tierra, porque los grandes hacendados de la provincia, eran de apellido descendiente de los españoles y era el poder más importante que había. Hoy eso se ha diversificado y el negocio financiero es muy grande. El negocio es muy grande. Yo creo que además árabes y judíos han crecido en eso y han comprado las tierras de los cholos; los cholos se han quedado sin las tierras y tienen un departamento en Buenos Aires. Yo creo que eso a esta altura es un mito, pero que ha existido estoy seguro porque lo viví muy profundamente en la década del 60 y 70, y era profunda esa división entre cholos y negros.

El hecho de ser negro, o no blanco como está de moda decir. ¿Te jodió en la profesión o en la vida?

No porque nunca me consideré así. Yo siempre me consideré hermoso, bello, rubio, blanco y de ojos verdes. Yo no me quedé en el lugar en donde estaba pensando que era lo único que podía hacer.

Yo fui al colegio San Alfonso y en esa época, en la década del 60, el colegio San Alfonso, el colegio Belgrano, el Bachillerato Humanista y el Nacional eran colegios de cholos. Es decir, mis compañeros eran Saravia, Patrón, Araos, Figueroa, y yo aprendí a convivir con ellos. Y también aprendí lo que ellos sabían: que la educación de altos estudios era lo que llevaba al progreso porque tenían puertas abiertas para entrar a trabajar en el poder judicial, en la docencia, en el banco, es decir, la clase dominante (los cholos) estaban empleados por el Estado y por eso tenían un ascenso social.

Y sobre todo había tres cosas que manejaban y que yo veía con claridad: una era el Ministerio de Educación, las directoras de escuela; la justicia en Salta, los abogados y por último la policía. Porque el que estaba en el poder, o el hijo de un cholo chocaba con el auto, llamaban por teléfono al Jefe de policías para que dejen que se vaya. Entonces manejaban la policía, el poder judicial y la educación.  

A mí no me jodió, pero si a mucha gente que estaba al lado mío le jodió. Porque también había una automarginación de muchos de mis compañeros. Yo nací en un barrio muy pobre, en un conventillo, y yo veía la automarginación de mis amigos, a punto tal que de todo el núcleo duro del barrio, fui el único que estudió y tuvo ascenso social. El resto se quedó ahí.

¿Tuviste miedo alguna vez?

Miedo que me paralice no. Temor a que me lastimen si, en una cancha de fútbol, porque realmente alguna vez se tornó agresiva la situación; yo era hincha de Central Norte y era difícil ir a la cancha de Juventud Antoniana. La primera vez que fui a la cancha de Gimnasia y Tiro y además era un elemento crítico para Gimnasia y Tiro siempre me escupían, me tiraban hojas de coca. Pero en fin, más temor que miedo.

Si yo hubiera tenido miedo, no hubiera hecho ni la mitad de las cosas que hice. Me tocó, casi ser con exclusividad en su momento, el periodista que criticaba en Salta.

Eras el único periodista deportivo al que la gente escuchaba. Te odiaban y te querían. ¿Vos sentías eso? No había punto medio…

Es cierto. Lo he sentido, me lo han hecho sentir demás claramente, pero yo sabía que mis posiciones, mis comentarios, mis críticas, de alguna forma, tenían una reacción. A cada acción una reacción. Entonces había que bancársela; si vos críticas a alguien no le va a gustar.

Yo aprendí de Víctor Hugo Morales que el fútbol no era un compartimento estanco en la sociedad, el fútbol formaba parte de la sociedad. Si había violencia en el fútbol, era porque había violencia en la sociedad. Si había droga en el fútbol era porque había drogas en la sociedad. Es decir, todo lo que sucede en la sociedad y pasa en el fútbol. Nadie va a ver, ni se juntan 20 mil personas para ver que en la Plaza Evita se drogan. Pero hay 20 mil personas que ven a 10 chicos que se drogan en la cancha de fútbol. Entonces es una suerte de vidriera trascendente que tiene la sociedad; todo lo que pasa en el futbol, está pasando en la sociedad.

Salta tiene un retroceso en el fútbol que es realmente alarmante. No hay jugadores, no hay técnicos, no hay dirigentes. Desapareció todo…

Bueno, desapareció porque desapareció la clase dirigente política que tenía como meta una instancia superadora, una mirada al futuro.

Pero también desaparecieron los buenos jugadores…

Exacto. Hoy hay una gran diversidad de diversión que no la vi antes. Antes un chico iba a la casa de otro a tocar la puerta y preguntar por Juan para ir a jugar al fútbol a la plaza o al canchón. Todo el mundo jugaba al fútbol. ¿Qué diversión había hasta los 80? Estaba el cine, la cancha de fútbol, el boliche y la televisión. No había más diversión. Entonces, para los 90, los chicos tocaban la puerta para ir al ciber. No existe más el ciber, pero está la PlayStation, está el celular… y además es una generación del mínimo esfuerzo intelectual y no les gusta que les enseñen porque lo tiene todo en el celular y creen que lo saben todo. Y es entonces que renuncia a esta cuestión de ir al fútbol.

Tampoco hay clubes que los canalicen, lamentablemente. Juventud Antoniana tiene unos vestuarios que cuando un padre entra dice “no lo traigo a mi hijo acá”. Va a San Martín y se deterioró tanto que dice “no lo traigo acá”. Va a Central Norte y es lo mismo. Entonces el único club que existe como club para poder canalizar a los chicos es Gimnasia y Tiro, el resto son clubes de barrio que no han crecido ni han desarrollado lo que hoy se requiere para la práctica del fútbol.

Coincido plenamente con el análisis que vos haces, pero hay dos fenómenos. Rugby y hockey en Salta. Lo que creció los últimos años fue espectacular ambos. Llegamos a meter gente en los seleccionados, en las franquicias tanto de hockey como de rugby. ¿Qué pasó? Porque son clubes de barrios, como ser Universitarios, Tigre,  Cachorro, es decir, todos de barrio.

Aquí hay una cosa muy importante; primero, hubo una contención social muy grande y los chicos no se fueron, no emigraron por una cuestión económica. Antes, nuestros jugadores estaban en Tucumán los de rugby o hockey, es decir, estos deportes terminaban en Tucumán o Córdoba porque iban a estudiar abogacía o medicina. Entonces a los 17 años nos quedábamos sin jugadores. En la crisis del 2000 hizo que nadie se vaya, que haya un gran semillero.

Pero lo otro, lo segundo, la infraestructura: es decir, las canchas de rugby, de Universitario, el gimnasio de Universitario, la cancha de Jockey, el gimnasio de Jockey, el gimnasio de Tiro Federal. La contención. Un chico va a un club y tiene agua, tiene baño, tiene gimnasio, tiene vestuario, tiene cancha y ningún club de fútbol tiene eso.

Además, hizo el semillero, la competitividad, de arriba hacia abajo y los mejores llegan al lugar mejor. Pero vos para eso tenes que tener a 300 o 400 chicos abajo; no 30 o 40. Y en el rugby lo tienen, porque hay casi 4000 jugadores y más de 3000 en hockey. Pero sobre todo infraestructura. Es decir, yo me acuerdo que cuando Popeye tenía la cancha acá y le ganaba a todos, cuando puso la cancha sintética salió 7 veces campeón. Antes iba a pasear a Buenos Aires, y ahora van a competir. Es fundamental la infraestructura. ¿Cómo haces que un chico de San Martín domine la pelota? No podes.

Vamos a tratar un tema muy espinoso y espero que no te cueste el divorcio ni nada menos. Vos y las mujeres tienen una relación bastante particular…

Sí. Quizás el amor de mi madre haya hecho que yo sea una persona que necesite amor siempre. Mi madre me cuidó, me amó tanto que cuando salí en la vida, no entendía la relación con las mujeres si no hay amor. Entonces transité ese camino con mi primer matrimonio que fue realmente muy bueno, excelente. Me tocó una mujer realmente muy buena, Marcela Gijón, con la cual tengo dos hijos.

Y después la televisión, la radio… la oportunidad. Dicen que la oportunidad hace al ladrón y a mí me pasó eso. Tenía muchas oportunidades; el hecho de ser un hombre público. Parece que la televisión te da poder y ese poder te da un aspecto de seducción que ni siquiera vos lo conoces y eso hace que se abran las puertas de varios dormitorios y entré a cada uno de esos dormitorios, no tuve problemas. Además como buen escorpiano tengo la sexualidad como un elemento vital de mi vida privada y sí, he convivido con mi matrimonio envuelto de situaciones engorrosas.

¿Sos enamoradizo o tentado?

Tentado. Me tiento con la belleza, me tiento con el perfume. Me tiento con la inteligencia, me tiento con muchas cosas. A mí me atraen mucho las mujeres. Trabajé toda mi vida con mujeres al lado. Por supuesto que con muchas de ellas no tuve ninguna relación, sobre todo a las que trabajaron al lado mío como productoras. En el resto no. En el resto fui bastante licencioso en esa vida si se quiere. Que también digo que es una vida pasada porque la verdad es que hace tres años estoy con mi nueva mujer y me da todo lo que quiero desde el punto de vista personal y para mí también eso es suficiente.

Creo que son etapas de la vida que uno no las calcula, yo he sido una persona muy impetuosa…

Tu vida siempre fue sanguínea, peleadora en lo político, en lo periodístico, también en lo personal. Ahora estás en otra etapa, una etapa de madurez, de reflexión, de calma. ¿Profesionalmente también estás en la misma?

No. Estoy con muchos proyectos ahora. Estoy terminando de rearmar el programa de FM Capital, he incorporado tres jóvenes que saben hacer de todo. Estamos armando la plataforma de Facebook, de Twitter, porque los chicos jóvenes atienden a eso. Estoy en el proceso de terminar de escribir un libro y estoy en un proyecto bastante ambicioso de televisión desde el punto de vista de una producción.

¿Qué te quedó en el tintero?

Quizás lo cumpla. Es ser actor. Pero por lo demás, me siento un hombre totalmente realizado con mi mujer actual, mis dos hijos, mis dos nietos. Con una armonía familiar extraordinaria. Con mis amigos de la política, armonizados a pesar que hemos tenido controversias grandes en ese aspecto. Con mis amigos del periodismo a pesar que tuvimos enfrentamientos grandes. Es decir, he cerrado los capítulos de mi vida cada uno de ellos sin problemas. Y quizás la deuda pendiente es conmigo, no con nadie, porque antes sí pensaba en trabajar para el otro, para gustar al otro y hoy ya no. Quiero satisfacer mis propios deseos y mis propias inclinaciones, entonces me da la sensación de que el stand up puede ser la culminación de una trayectoria que para mí ha sido colmada de alegría y satisfacción.

Una vez leí que el diablo no es malo, sino que tiene mala prensa. ¿No te pasó algo de eso también a vos algunas veces?

Y sí. Porque digamos, «hazte la fama y échate a la cama» decía mi abuela. Algunas veces pasó eso, pero yo siempre lo provoqué. Por ejemplo, había una época en la que decían que yo era homosexual, porque como me vestía: usaba trajes blancos, camisas lilas, corbata amarilla, salía en televisión así y mi ex mujer no me acompañaba mucho porque a ella no le gustaba mucho esa exposición. Entonces iba solo a cenas, al cine, a todos lados y entonces se creó la fábula. Y cuando me dijeron a mi «che negro, ¿vos sos homosexual?» Sí, les dije y empecé a actuar como tal. Y hubo un largo tiempo en mi vida, profesional que me ayudaba porque casi nadie confesaba eso y yo me reía, me divertía. Yo veía como me veían, y esos tipos estaban creídos que yo soy así. Formaba parte también de estar siempre en el tapete.

¿Ahora queres seguir estando en el tapete o queres tener otra posición?

No. Quiero tener en otra posición. Lamentablemente estoy en el tapete porque creo que mi actividad periodística, que no está muerta, hace que ella me lleve a  ese lugar sin querer. De verdad es sin querer. Muchas veces estoy en alguna posición si querer y cuando me doy cuenta ya no puedo retroceder. Quizás sea mi instinto también ¿no?