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Revista Salvador

La degradación de la política

El ciudadano con gran sacrificio paga sus impuestos todos los meses, pero desde hace años se encuentra desamparado por la política y los políticos. Sabemos que el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes y que la participación en política solo puede realizarse dentro de un partido político. Es que la organización de nuestra sociedad está regulada por la Constitución y en ella se establece que el acceso a los cargos electivos se realiza a través de los partidos políticos.

Por Carlos Zapata, diputado provincial

El artículo 53 de la constitución provincial expresa “Todos los ciudadanos tienen derecho a asociarse libremente con fines políticos, en partidos y movimientos. Los partidos políticos son instrumentos de participación con los que se expresa la voluntad política del Pueblo para integrar los poderes del Estado…..”

Un partido político se conforma con un grupo de ciudadanos que comparten, no solo un objetivo en común, sino también los medios y mecanismos por los cuales se lo ha de lograr. Ese objetivo es trabajar en el quehacer orientado al bien común.

Entonces podemos afirmar que conceptualmente la actividad política es noble, pues se orienta al bien de todos en una sociedad. En teoría un político actúa de buena fe sin ninguna maldad ni doble intención. Pero ello está muy lejos de la realidad que perciben los habitantes sobre el funcionamiento de la política y del accionar de la mayor parte de los políticos.

La ciudadanía está decepcionada con la actuación de sus representantes y los resultados de la gestión política del Estado, generando un gran descreimiento y la voluntad de contribuir y aportar a las arcas del Estado se va disipando.

Podemos afirmar que la actividad “informal” casi supera a la formal. Para compensar esa situación, los políticos aumentan la carga en la espalda del pueblo y así genera más rechazo y resistencia ante la ley impositiva, si el Estado no da servicio, entonces, ¿para qué pago mis impuestos?

En la era de la comunicación directa “on line” en que vivimos, una especie de Gran Hermano, el ciudadano ha accedido a medios para seguir el desempeño de sus representantes. Las redes sociales, los portales de noticias, las transmisiones en vivo de las sesiones de las cámaras de la legislatura, son algunas de las formas que tienen las personas de mantener vigilados a sus representantes.

Esa disponibilidad de medios de seguimiento trajo como resultado la decepción originada en la pobreza de la actuación individual de varios legisladores y lo insólito de sus votaciones, además de la falta de contenido de sus discursos al momento de hacer uso de la palabra. Eso, desde mi punto de vista, es lo que se ha dado en denominar “la degradación de la política”

La degradación de la política puede ser descripta como la pérdida de calidad intelectual de los representantes, la falta de identificación con una idea clara del camino a seguir en la búsqueda del bien común, y una creciente inclinación a legitimar lo incorrecto y las prácticas corruptas.

Esto no es consecuencia de un fenómeno de la naturaleza ni mucho menos. No hubo un tsunami de ineptos ni de corruptos que los hayan arrastrado por cualidad hasta las instituciones políticas de nuestra provincia.

La irrazonable ambición de poder sumada a la ambición de progreso material a costa de otro, ha dominado el accionar de una parte de los políticos, y es a mi juicio, el verdadero origen de la actual decadencia en la representación legislativa.

Ha favorecido este proceso de degradación aquello que dominó y domina el pensamiento de gran parte de la sociedad, “EL NO TE METAS”. El alejamiento de la política de muchos ciudadanos capaces y honestos al ver algunos aspectos indeseables. Esas actitudes, que se pueden catalogar como egoísta y hasta cobarde, han contribuido a la situación que hoy vivimos.

Cuando comencé a interiorizarme en el funcionamiento de la política, hace unos treinta años, los diferentes partidos políticos seleccionaban sus candidatos entre los mejores exponentes de su pensamiento, ya sea por la solvencia intelectual o por el compromiso ideológico con el partido, sumado a la aceptación entre sus afiliados. Los afiliados de un partido determinado elegían a los candidatos de ese mismo partido. Así la sociedad estuvo representada por verdaderos políticos, gente preparada y comprometida con el servicio a la comunidad en base a ideas claras de cada partido.

Por supuesto, el sistema político no escapa a la regla que reza “en todo sistema existe el germen que lleva a su destrucción”. Esta política, que es la que conocí, no fue inmune a la infiltración de las malas prácticas.

Las ganas de triunfar a cualquier precio dieron lugar a la aparición y generalización de lo que se ha dado en llamar “La raíz de todos los males”, como el título de la obra de Alconada Mon. Esa raíz es la necesidad creciente de contar con fondos para financiar campañas electorales. Ante tal necesidad aparece, se instala y desarrolla la corrupción.

En el camino se dictaron normas para evitar la asimetría en las posibilidades de los partidos políticos. Sobre todo, normas destinadas a transparentar el financiamiento de las campañas electorales. Pero esto no fue suficiente.

La necesidad de legitimar candidatos por parte de quienes detentan el poder y tienen acceso a un uso discrecional (y hasta inmoral) de los recursos publicitarios del Estado, fue a mi juicio, la causa de la aparición de las PASO (Primarias Abiertas Simultaneas y Obligatorias) donde todo ciudadano está obligado a votar, sin importar si está afiliado o no a un partido político.

En base a esto podemos afirmar que algunos de los candidatos que representan a los partidos políticos no son elegidos por los afiliados sino por gente que, en la mayoría de los casos, no conoce la ideología del partido que termina votando. En suma, la existencia de las PASO creó un mecanismo en conflicto con lo dispuesto en la constitución en el Art 53.

Así, como la selección de los candidatos pasó a estar en manos de personas que no tienen interés en la política ni se han interiorizado acerca de las ideas y propuestas de los exponentes candidateados, se termina votando a aquellas personas sobre las cuales se tiene alguna idea acerca de quién es, o sea son personas con algo de popularidad. En la mayoría de los casos esa popularidad poco tiene que ver con una actuación política o adhesión a determinada idea, popularidad solo popularidad. Esa popularidad en pocos casos está acompañada por la idoneidad y la intelectualidad.

Esto se pude verificar solo con escuchar los discursos e intervenciones de algunos de los nuevos legisladores y concejales en las sesiones. En algunos casos no conocen la Constitución, el orden de prelación de las leyes, las jurisdicciones y competencias de los distintos estamentos del Estado. En definitiva, parecen egresados de la Facultad de Derecho o Ciencias Políticas de la Universidad de Trulalá.

Prueba de ello son la calidad de los proyectos tratados en la última sesión del mes de agosto en diputados. La falta de preparación y voluntad de buscar consensos por parte de aquellos que invocan acompañar la actual gestión de gobierno, y que integran los bloques mayoritarios, son las principales causas adicionales de esta enfermedad política.

Para concluir, corresponde dar mi parecer respecto a cuál debe es el camino  que propongo. Sin lugar a dudas debe haber un requisito excluyente al momento de nominar candidatos, ese requisito debe ser el aprobar un examen de derecho constitucional y de conocimiento acerca de las funciones del cargo para el cual se candidatea. Solo conocimientos básicos, del nivel de los que se impartían en la escuela secundaria a modo de instrucción cívica. La ficha limpia es otro requisito ineludible y por supuesto vedar a quien gobierna como poder ejecutivo, de participar en política electoral a igual que aquellos que tienen manejo de fondos públicos. Los candidatos deben ser propuestos por los partidos políticos de acuerdo a la voluntad de sus afiliados, sin intromisiones. Y el financiamiento dado por el Estado debe ser equitativo y transparente.