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Revista Salvador

El recuerdo de Clementina

“El tiempo pasa /Nos vamos poniendo viejos / El amor no lo reflejo, como ayer…” Y Clementina ya no está. Apenas unos trastos viejos quedan de su pasar. Clementina, maravillosa Clementina. Ocupaba un enorme salón solo para ella. En realidad Clementina ocupaba todo, el gran salón y la atención permanente, casi obsesiva, de quienes le atendían y por supuesto le amaban.

Por Gustavo Ítalo Yanicelli

“…En cada conversación / Cada beso, cada abrazo / Se impone siempre un pedazo de razón…” Hacía calor cuando llegó Clementina una tarde de Buenos Aires en 1960. El Presidente Arturo Frondizi viajaba en busca de mercados, Kennedy y Adenauer se entrevistaban para resolver el estatus de Berlín en la guerra fría, Salta amanecía intervenida, un avión se estrellaba en Brasil, terminaba en Argentina una larga huelga de ferroviarios y comenzaba otra, aunque nada de esto parecía importarle a Manuel. Allí estaba Clementina, Manuel no necesitaba más.

“…Vamos viviendo / Viendo las horas, que van muriendo / Las viejas discusiones, se van perdiendo / Entre las razones…” Manuel Sadosky  falleció el 18 de Junio del 2005 a los 91 años. Clementina para entonces ya no estaba, fue desmantelada en el año 1971, Pero la obra estaba consumada.

Clementina fue la primera computadora para fines científicos instalada en la Argentina. Clementina era más de 50.000 veces más grande que una PC actual y unas 3.400.000.000.000 veces más lenta. Clementina generaba un tremendo calor ya que basaba su funcionamiento en válvulas y diodos de cristal de germanio con más de 5.000 componentes en 18 gabinetes de casi 20 metros de largo. En otra habitación grande se albergaban cinco racks con las fuentes de alimentación.

Clementina tenía un sistema de refrigeración a la altura de las temperaturas que generaba, enorme por supuesto. Esta computadora tenía un equipo electrógeno propio con estabilizadores dedicados ya que no podía usar la energía del servicio público porque sus oscilaciones la sacaban de punto. El encendido en Clementina demandaba un Ingeniero Electrónico y más de dos horas de trabajo.

Realizaba unas 30.000 operaciones por segundo. No se impresione, la PC de su casa seguro supera las 200 millones. Clementina trabajó para el INTA, para La Comisión Nacional de Energía Atómica, para el Servicio Meteorológico Nacional, para el Banco Central y el Servicio de Salud Pública y el INDEC, trabajó en cálculos astronómicos (verificación de los cálculos manuales hechos por el astrónomo ítalo-argentino Francisco J. Bobone sobre el pasaje del cometa Halley en 1904), calculó los flujos de las cuencas más importantes del país entre otros logros.

Con Clementina trabajaron más de 100 científicos matemáticos, lógicos, físicos, astrónomos, biólogos, químicos, etc. Clementina, maravillosa Clementina.

Manuel Sadosky tenía la fibra de los grandes. Grandes de verdad. Soñador y emprendedor dio al país su inteligencia y sus esfuerzos. Pasó fugaz por el Partido Comunista entre los años 1940 a 1946. Mas como una reacción al Nazismo y al Fascismo que como una convicción ideológica. Manuel era inteligente y demócrata, talentoso y republicano, humanista y patriota. Y decente, pétreamente honrado.

Manuel fue sorprendido por las bestias de la Noche de los Bastones Largos. Un día tristísimo en su vida tuvo que dejar la universidad. Una larga y luctuosa noche comenzaba en la Argentina. Sadosky se preparaba para una tristeza mayor. En 1974 amenazado y perseguido por las tres A, una organización paramilitar peronista de ultraderecha, marcho al exilio en Venezuela. De allí paso a España para volver a la Argentina en 1983 y asumir la Secretaría de Ciencia y Tecnología en el gobierno del Presidente Raúl Alfonsín y fundar la Escuela Superior Latinoamericana de Informática. Democratizó el CONICET y llevo a la Universidad de la República de Uruguay los estudios de sistemas, cómputos e informática. Echó las bases del Instituto de Cálculo de la Universidad de Buenos Aires. Promovió la cooperación científica en cálculo e informática con el Brasil.

Lo mejor de Manuel Sadosky fue la templanza de su vida. La convicción inalterable e incombustible en la condición humana, el amor por su Patria y su estatura moral cual faro luminoso en el oscurantismo de los bárbaros. Manuel inquebrantable, vertical, perenne. La obra de su vida fue mejor que Clementina.

Marginado de las universidades del país en el 53, de nuevo excluido de los claustros en el 66 y finalmente perseguido y amenazado él y su familia en el 74 debió marchar a un largo exilio de nueve años.

“…Vamos viviendo / Viendo las horas, que van muriendo / Las viejas discusiones, se van perdiendo / Entre las razones…” (1)

“Años” de Pablo Milanes