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Revista Salvador

El General José de San Martín: ¿Fue realmente masón?

Inspirados en la reacción carbonaria de la Revolución Francesa, los movimientos libertarios americanos estuvieron influidos por el pensamiento de la Ilustración y la activa participación de las logias masónicas. De hecho, 9 de los 11 miembros de la Primera Junta de Gobierno, eran masones y el Congreso de Tucumán tuvo masones destacados participando de sus deliberaciones. Pero, ¿y el General San Martín, fue realmente un masón?

Por Ernesto Bisceglia

No existe en el común una idea clara de lo que es la masonería, sus orígenes, métodos y fines. Para los católicos es “algo prohibido”, para los profanos una “interesante sociedad”. Hoy, la masonería, en palabras de su Gran Maestre, Jorge Clavero “ha sido puesta en clave de comunicación. No somos una sociedad secreta sino discreta”. En fin…

Pero yendo al tema que nos ocupa sobre la figura del Libertador, José de San Martín y su paso por las logias, seguiremos en este capítulo lo expuesto en mi libro “Masones, liberales y jacobinos, la otra Guerra de Belgrano”, que honrara el Dr. Félix Luna con el prólogo.

Allí se distingue entre las sociedades secretas como la emblemática “Sociedad Patriótica”, de la cual el historiador Bauzá dice que “en su seno se hablaba mucho de los derechos naturales y se votaban sacrificios contra los que negasen su legimitidad”[1], eran hombres que hacían gala de su “despreocupación profana”, término que para la época era sinónimo de ideas anticatólicas.

Ahora bien, aquí se plantea la primera discusión ya que el espíritu que animaba a estas sociedades secretas y las logias masónicas es absoluta. Entonces, ¿pertenecieron los Próceres a estas sociedades secretas que conspiraban contra el régimen español, o eran ciertamente masones?

En verdad que aquellos hombres tuvieron estrecho contacto con masones en Europa, y de alto grado, e incluso pudieron haber integrado las logias masónicas, experiencia que sirvió a sus fines patrióticos ya que es verosímil que le diesen a sus organizaciones –como la Logia Lautaro o la Sociedad Patriótica- la conformación y las normas de aquellas logias, sin ser por ello masones.

Existieron puntos de comparación muy cercanos, esto es verdad. Véase el caso de San Martín o del mismo Manuel Belgrano, particularmente éste último, quien por su formación estaba distante de conducir un ejército ¿cómo entonces el primero apenas retorna al Río de la Plata gana en prestigio y termina organizando un Cuerpo de Granaderos, o el segundo comandando nada menos que el Ejército al Alto Perú? La teoría indica que pudieron ser sus “contactos secretos” los que permitieron que llegaran a esos cargos.

Sobre este particular, el profesor Armando Tonelli señala que “No pueden ser aceptadas las aseveraciones sobre el carácter masónico que atrevidamente se le ha querido otorgar a la Sociedad Patriótica y a sus miembros”[2]

El jesuita Aníbal Rojter en “La Masonería en la Argentina y en el Mundo” enseña que “Los hermanos argentinos norteños José y Francisco Gurruchaga, el coronel salteño José Moldes y los sacerdotes americanos José Cortés Madariaga, Servando Mier y Juan Pablo Fretes –entre otros muchos- formaron parte de esta junta o sociedad patriótica, en la cual pudo haber también algún masón encubierto”[3].

El Doctor Bernardo Frías a su vez señala que “El salteño José Gurruchaga estaba a cargo de la “Sociedad de Lautaro” en Cádiz y José Moldes de la “Conjuración de Patriotas en Madrid”, todas “asociaciones secretas de jóvenes americanos que habían resuelto lanzarse a trabajar denodadamente por la independencia de la Patria”[4]

Con estas mismas aspiraciones y similares propósitos es que Manuel Belgrano habría fundado la Logia Argentina en Tucumán cuyo objetivo político era lograr un estado liberal independiente que no habría tenido filiación masónica alguna.

De esta forma es como se ha dado el error histórico persistente de no saber diferenciar entre logias masónicas y sociedades patrióticas. Para abonar el criterio que se sostiene en orden a demostrar este acierto, valgan las opiniones de prestigiosos investigadores y de masones argentinos reconocidos como Domingo Faustino Sarmiento y Bartolomé Mitre.

Dice el Dr. Ferrer Benimelli, investigador español y Presidente del Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española: “Es un mito tal, ya que hasta ahora nadie ha podido demostrar que San Martín o Belgrano fueran masones, no existen documentos probatorios; la ausencia de documentos no quiere decir que no, pero no se puede demostrar que lo fueran”; “Las logias Lautaro nunca fueron sociedades masónicas, lo que sucede es que de la masonería adoptaron la terminología y la organización, ya que era una forma clandestina de poder extenderse y actuar”.

Hay que pensar en la influencia de la religión católica en los pueblos americanos, herencia de España, para la cual las ideas europeas y el libre pensamiento eran incompatibles con la fe. Esta confusión de ideas  condujo a que el mismo fervor religioso de Belgrano fuese puesto en tela de juicio.  Al respecto el Dr. Horacio Bauer, abogado argentino y conocedor del tema, expresa: “No se hace ningún comentario del fervor religioso de Belgrano durante su vida y de cómo no tuvo problema en romper con cuanto logista o sociedad secreta fuera la que se oponía a su causa. Tomó, como San Martín, los medios y las formas masónicas al servicio de la causa”.

Sarmiento, reconocido masón, niega la índole masónica de las logias inspiradas en Lautaro confirmando su sentido político. En 1857 escribe: “El levantamiento de los criollos requería prudencia, sigilo y combinación en todos los puntos de la América española, y cosa natural, aunque sorprendente, en España se urdió la trama de la tela de los grandes acontecimientos que muy luego se realizaron en América. Cuatrocientos hispanoamericanos diseminados en la Península, en los colegios, el comercio o en los ejércitos, se entendieron desde temprano para forma una sociedad secreta conocida después en América bajo el nombre de Lautaro. Para guardar secreto tan comprometedor, se revistieron de fórmulas, signos, juramentos y grados de las sociedades masónicas, pero no era una masonería, como generalmente se ha creído, ni menos las sociedades masónicas entrometidas en la política colonial”[5][15].

Por fin, Bartolomé Mitre, también masón y que había alcanzado el grado 33 en 1860[16], señaló que las sociedades lautarinas  era políticas no masónicas, y dice en uno de sus textos: “Las sociedades compuestas por americanos, que antes de estallar la revolución se habían generalizado en Europa, revestían todas las formas de las logias masónicas, pero sólo tenían de tales los signos, fórmulas, etc. Su objeto era más elevado, no iniciaban en los misterios sino en profesar el dogma republicano y se hallaban dispuestos a trabajar por la independencia de América”.[6]

Basten estos testimonios para dejar fehacientemente establecido que el Gral. Manuel Belgrano lo mismo que San Martín y tantos otros próceres bien intencionados nunca pertenecieron a la masonería. Lo demuestran sus ideas; pues tanto San Martín como Belgrano además de contar en sus filas a reconocidos católicos y sacerdotes, auspiciaban la forma monárquica de gobierno. Esto se explica así: Manuel Belgrano, ya en las frías noches de media luz en la jabonería de Vieytes asumía que se podía reconocer la dinastía de Napoleón, pero tampoco pensar en la constitución de una república porque no se daban las condiciones para ello. Enumeraba entre éstos la ausencia de conocimiento, la carencia de una posición económica, además de las profundas divisiones entre sus habitantes que seguían distinguiéndose entre europeos, ya españoles, ya ingleses y sobre todo franceses que en los acontecimientos de España veían una posibilidad cierta de afianzar sus reales. Esta última circunstancia hacía muy probable una guerra civil “sangrienta y cruel que pondría al país en estado de indefensión”. La salida posible que veía al dilema era convocar a la Infanta Carlota Joaquina de Borbón, hermana mayor de Fernando VII y esposa de Don Juan de Braganza, Regente del Portugal. La princesa, como hija del Rey de España, Carlos IV –prisionero de Napoleón, y en ausencia del príncipe heredero, con igual suerte- “tenía legítimos derechos sobre los intereses en el Río de la Plata”. En igual sentido pensaban en el seno de las sociedades secretas muchos patriotas como Saavedra y Pueyrredón.

De esta manera pensamos aportar a un debate que no queda cerrado ni mucho menos, porque la masonería ha reclamado siempre para sí los nombres de los hombres ilustres de la historia universal, hundiendo sus raíces en el propio Génesis con Tucalcaín.

Excede el marco de este espacio abundar en mayores consideraciones, pero sirvan las presentes para por lo menos, echar alguna luz sobre un tema muy debatido pero tanto más desconocido.

Masón o no, la obra del Libertador José de San Martín, como la del General Manuel Belgrano, está allí, la disfrutamos todos, se trata de la Libertad de los pueblos hispanoamericanos, que hoy, políticos corruptos y sin ningún sentido de Patria están destruyendo con el objetivo de entregar el patrimonio nacional y americano a las manos de inconfesables intereses.-

[1] Citado por FranciscoBauzá en  “Dominación Española en el Uruguay”. T. III. Pág. 256.

[2] Armando.  “El General San Martín y la Masonería “. Bs. As. 1943. Pág.4

[3] Rottjer, Aníbal A. . “La Masonería en la Argentina y en el Mundo”. Ed. Nuevo Orden. Bs.As. 1976

[4] Frías, Bernardo. “Historia de Güemes y de la provincia de Salta”. Pág. 131

[5] El subrayado nos pertenece y decimos que disentimos con el último párrafo de la declaración de Sarmiento, en el pensamiento de que efectivamente las sociedades masónicas tuvieron un papel importante.

[6] En vísperas  de la transmisión del mando a Sarmiento dijo: “¿Qué es Sarmiento? Un pobre hombre como yo, un instrumento de éste”; y señaló el compás, para añadir luego: “Daré mi mensaje a las logias masónicas. Se ha dicho que era tiempo que los hermanos masones conquistasen en la sociedad los derechos que les fueran negados. Señores, los masones están conquistando esos derechos en la vida y más allá de la muerte”. En el día de su sepelio La Nación publicó los avisos fúnebres de los Grandes Orientes nacionales y extranjeros, los cuales siempre lo consideraron un “hermano”. (En Rojtter. Op. Cit. Pág. 310-311).